Los pecados se cometen, no se cuentan.

Y esto va para todas esas personas que divulgan lo que nunca han hecho. Y si lo hicieron “Excelente por ellos”, guárdenlo en su disco duro interno.

 

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A veces se comete el error de hablar más de la cuenta, vamos por ahí contando lo que hicimos e incluso lo que no hemos hecho aún. Sobre todo esos verbos con la palabra “prohibido” por todos sus lados. Sencillamente los pecados más sabrosos no se cuentan, esos que te dejan un dulce sabor en los labios y recuerdos perversos sobre la piel.

 

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No se cuentan, no se divulgan; es mejor que queden ocultos en el fondo de escritorio que tienes en tu cabeza pues qué razón tendrías para contarlos, a menos que sea con quien mordiste la manzana del pecado.

Y lo que has de hacer hazlo con gusto y con pérdida de memoria, no hables y hables con ansias de hacer algo que a la final no harás. Dicen por ahí que quien habla mucho hace poco, y bien que es cierto. Miles de personas prefieren llenar su boca de palabrerío lleno de confeti que hacer eso tan deseado por ellos.

 

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En definitiva cuando quieras cometer un pecado de esos que solo involucra a dos sin que se vea perjudicado un tercero, hazlo. Deja a un lado las palabras dichas pero no hechas y una vez que lo hagas resérvalo para dos. No hay nada más glorioso que la intimidad de dos personas que compartieron su tiempo para estar a solas y disfrutar de eso a lo que ellos mismos nombraron como “Pecado”.