Me encantan los “no compromisos”

Que conoció a su príncipe azul, comieron perdices, se engordaron como dos chonchos y fueron felices para siempre.

Que conoció a su príncipe azul, comieron perdices, se engordaron como dos chonchos y fueron felices para siempre. ¿Qué dicen? ¿No es así? Pues lo siento, pero a mí estas cosas no se me dan muy bien. A mí se me dan los “vamos esta noche que no hay compromisos”.

 

 

No importa si soy o no soy mujer. Aquí lo que importa es que me va muy bien la vida sin compromisos amorosos. ¿Ustedes saben cuánto sufren las mujeres por enamorarse de mero puto? ¿Ustedes saben cuánto sacrifica una mujer por entregarse a un hombre? Pues es que les digo yo a ustedes que mi mayor sacrificio es levantarme a las seis de la mañana a bañarme para ir a trabajar, pero que me arriesgue a darle mis sentimientos a una persona que ningún ente, forma ni persona me asegure que me respetará y no me hará daño, no, no, no, de lejos por favor.

Me encantan los “no compromisos” porque sé que doy lo justo.

Me encantan los “no compromisos” porque sé que doy lo justo. Nadie sale lastimado, ni yo ni la otra persona. Disfrutamos de lo poco, de lo medido. No damos más de lo necesario, y se va el que se tenga o el que se quiera ir. Es mucho más fácil de lo que parece.

 

 

Sin compromisos nadie juega con nadie porque todos estamos de acuerdo. Se dejan las cosas claras desde el inicio. La intención es divertirnos sin hacer pasar sufrimiento al prójimo. A las personas que nos encantan los “no compromisos” es porque pensamos en un bien común. El mundo ya tiene suficientes corazones rotos como para agregar uno más a la lista.

Mantengo a mi corazón bien cuidado, disfrutando de la vida, y más nada. Así soy feliz.

Y si por casualidad a alguien le afecta mi postura actual sobre la vida, que venga y me haga un exorcismo.