Me gusta provocar deseos, eso de pedirlos no es lo mío.

Me gusta pasearme por ahí, invitando la mirada masculina e insinuándolo a pecar por mí.

 

Pero, esto no sucede con todos, solo hay uno en especial, el que de algún modo me atormenta desde el fondo. No soy de pedir, más bien hablo a mi modo, es mi caminar y mi manera de actuar las que incitan a peca por mí.

 

Es como si mi esencia y personalidad confabularan con todo lo demás, se encienden las alarmas de todo mi cuerpo con tal de obtener eso que quiero. Lo bueno en todo esto es que no soy la única persona que esta sedienta por obtener placer, de algún modo esa persona a la que quiero entre mis piernas siempre se deja querer.

 

Sí, se deja querer por mis audaces trucos para hacerle perder la calma, porque después de provocarlo un poco no es necesario pedir mucho más, ahí está esperando de algún modo a que no lo deje escapar. Y es que siempre estará entre mis gustos una persona en especial, porque por más de que quiera insinuarme con el resto él termina robando toda la atención que existe en mí.

 

Pedir no es lo mío, pero de algún modo con esa persona esto parece no importar, mi cuerpo lo reclama por si solo y empieza a despertar deseos. Van y vienen queriendo desencadenar algo más que solo besos y caricias, pues al estar juntos todo parece cambiar para mejor, para algo que nada tiene que ver con las tristezas y mucho menos con la calma.