Mi alma tiene hambre.

A veces el alma tiene hambre.

A veces el hambre tiene nombre.

Lucas Hugo Guerra.

A veces tenemos tanta hambre, apetito por esas mentes ricas de ideas y tan intensas como las nuestras, deseo por esos cuerpos que sin saber cómo tienen algo que nos hacen querer acercarnos más y más.

 

Imagen: Weheartit

 

A veces el alma tiene hambre de otra tan o diferente a ella. Un alma que incluso nos saque del camino sin preguntar antes, esa alma que hecha carne y hueso queramos devorar sin remordimiento alguno.

Un alma que nos convierta en caníbales de amor, donde el hambre siempre tenga un solo nombre, el nombre de esa alma que se nos cruzó en el camino sin ningún tipo de permisos. A veces y solo a veces no queremos restricciones, olvidar eso de “sociedad” involucrarnos hasta los tuétanos con alguien más.

 

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Y es que el alma siempre tendrá hambre, por lo que más le atrae, por una mente y cuerpo con las cuales el misterio y la curiosidad se transforman en una atracción desenfrenada y llena de pasión. Porque por culpa de almas como esas es que la nuestra siempre tendrá apetito.

 

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Es nuestra alma hablando por si sola, porque no solo el cuerpo tiene hambre y sed, es nuestro espíritu buscando entre las sabanas de nuestra cama e incluso entre la tela del mueble que está en la sala. Porque incluso cuando creemos que ese hambre tiene apetito por cualquier cosa, siempre tendrá un nombre escrito en su espalda, la que sabemos comeremos con gusto.

 

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