Mi piel suspira cada vez que te pienso.

Mi piel ha tomado vida propia, respira y suspira más amor por ti.

 

Suspira cada vez que tu nombre se cruza en mi mente, cada vez que los recuerdos me embriagan la piel, es como si entendiese que algo le hace falta cerca y que puede ser más sino tu propia piel. Te llama en la distancia y suplica porque regreses a casa, a este cuerpo que era tuyo y donde podías dormir y amanecer.

 

Se ha convertido entonces en una esclava de recuerdos la pobre, que ha sabido cómo mejorar las cicatrices en ella, cuando le viene a su memoria interna cada centímetro de tu piel. Suspira y piensa entonces, lo que pudo haber sido y no fue, todos esos momentos que le faltaron vivir contigo y que aun así extraña por no vivirlos.

 

Tal vez sea masoquismo o algo parecido, lo cierto es que recuerda todo lo que vivió y suspira porque quisiera vivir más que solo eso. Pero no hay de otra, y mucho menos a dónde agarrar, la vida se hace corta y eso de extrañar es solo algo que se siente en el cuerpo cuando la mente empieza hacer estragos.

 

Solo que la piel siente, incluso más que el corazón; la ausencia y la distancia de lo que se amó, donde vivió con felicidad y que hoy extraña por no sentir el rose de las manos de un cuerpo que siempre está presente. Y sin importarle donde se encuentre, suspira descaradamente, como si yo fuese la única culpable en todo esto, y la apartara de lo que tanto quería entre sus manos.