Mis ganas de ti no se quitan, se acumulan.

 

En mi vida he tenido un par de gustos, que van desde los helados de coco hasta el sonido del viento cuando choca con los vidrios de mi ventana, peculiares sí; pero creo que son parte de mi identificación personal, únicos para mí y quizás detalles insípidos que me definen como humana. Incluso tú eres una de ellas.

 

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Eres esas ganas que no se quitan con alguien más, por más de que sacie mis deseos de piel mi alma busca otra cosa. Eso que solo promueves tú, y que de manera inquietante se van acumulando con el tiempo.

 

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Es difícil saciar ciertos gustos, quitar algo de mi paladar que por años se ha mantenido vivo. Ni las gaseosas y mucho menos las golosinas se pueden comparar con ese gusto que aun corre por mis labios y dientes, convierten a la mujer sarcástica y fría en alguien condescendiente y frágil, ya no soy yo si no esa que viaja a esos años donde encontrarnos era la única forma de saciar este gusto.

 

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Quizás sea un gusto enfermizo que poco tiene remedio, lo peor del caso es que aún se me es difícil quitarlo de mis gustos por el contrario se va acumulando más. Si, ese gusto terrible que cómo el dulce es fatal para mi diabetes y aun sabiendo que me va enterrando con el pasar de los días lo voy acumulando en grandes proporciones.

 

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Lo bueno es que hay ciertas adicciones muy fáciles de superar, por eso coloque tu nombre enganchado en mi cartelera de adicciones más frecuentes y aunque no tenga más nada en esa cartelera puesto junto a ti, prometo solemnemente superarte.