Mis pecas o pecamos.

Son tantas las veces que te he ofrecido esas pequeñas manchas pigmentadas en mi piel, que ya no estoy segura de regalártelas o solo pecar por un rato.

 

Manchas que revelan lo que soy, que forman el camino perfecto hacia una perdición, las que me hacen lucir diferente entre la multitud y las que de alguna u otra forma te hacen perder el control con solo verlas.

 

Son esas pequeñas figuras sin forma las que embellecen mi piel, las que sé te encantan pero que pocas veces te atreves a tocarlas, y es que cada una de ellas indican algo en mi mirada. Sí, están conectadas como todo en mi cuerpo, el que sin querer te hace una invitación, el que quiere arrastrarme a pecar sin tener clemencia de que sea yo siempre la que pague todos los platos en este debate.

 

Entonces, como un resguardo a lo que siento te ofrezco solo una parte. Mis pecas e incluso mis lunares que cada día más crecen en cantidad, esos que forman el camino en mi espalda y los que se resguardan en mis hombros desnudos de ropa, sobre todo los que te piden a gritos besos como suaves caricias sobre ellos.

 

Es así como poco a poco y sin entrar en más detalle, es mi piel la que te habla sin pedirme algún tipo de opinión, muere por rozar la tuya y cometer cualquier tipo de pecado y llegar a la perdición. No hay atajos o decisión, y es que cualquier camino te lleva a la tentación.