Mis pecas son su atajo.

Se voltea y apunta su mirada sobre mí, mientras me observa baja su rostro a mis hombros. Entonces, ya entiendo qué hará después.

 

Imagen: Weheartit.

 

Besa cada una de las pecas ahí expuestas como producto del maltrato del sol sobre mi piel, ambos sabemos que son el camino perfecto, el atajo que le conduce a mi perdición y a su suerte. Mientras que yo, aguardo en silencio esperando dar el siguiente pasó.

 

Imagen: Weheartit.

 

Con él he aprendido aguardar en silencio, a conservar la calma y no llenarme de tempestad, pues yo soy la montaña en la que él hace senderismo y él es el padre de una tierra que lleva todo mi nombre. Mis pecas y lunares son el camino más corto, y él lo descubrió, las ha llenado de besos y unos cuantos antojos como si de un hábito se tratase.

 

Imagen: Weheartit.

 

Y me encanta, sencillamente disfruto verle como un niño jugando entre el lodo y el agua, solo que esta última es provocada por las altas temperaturas de los dos. Entonces, de la nada mis pecas parecen sonrojarse al tacto de su piel suave y un poco pálida. Desde hace mucho, deje que el fuese un explorador en mi espalda, pues él sabe qué vendrá después.

 

Imagen: Pinterest.

 

Estamos ahí; en la cornisa, como la canción, casi a punto de caer. Pero ninguno de los dos siente miedo, seguimos sonriendo al mirarnos, pues en algún momento estallaremos y esa montaña se unirá con él, hasta formar un volcán de sensaciones que estallara por dentro y se llevará todo a su alcance. Y todo sencillamente, porque mis pecas son el camino corto, el atajo en mí para él.

 

Imagen: Tumblr.