Muchas cosas dejaron de importarme.

A estas alturas de mi vida, donde me preocupa más el estado físico de los vegetales y frutas que compro en el super-mercado, ya un montón de cosas dejaron de importarme.

 

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Entre eso, acciones, besos, abrazos y canciones dedicadas dentro de un auto. Sencillamente a esta edad aprendí a que o a quien regalarle mi suspiros en silencio, entendí que a veces estar sola es la mejor compañía mientras el aburrimiento este presente y hasta que quiera comerme algún postre con ahí.

Dejaron de importarme muchas cosas el día que entendí que llorar hasta el cansancio puede afectar mi corazón, el día en que desperté más que un par de miradas en la calle y la noche en la que en un bar cualquier mortal podría complacerme con un trago.

 

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Dejaron de importar ciertos eventos cuando le di más valor a la calidad que a la cantidad, ese día decidí dejar ir el polvo guardado en una esquina de mi vida y llevar a cabo otro tipo de polvos. Muchas cosas pasaron a ser simples cuando otras aparecieron en mi camino para hacerme estremecer de pies a cabeza.

Entendí que valen más los gestos que un mensaje de texto y que eso que una vez me dejo sin aliento sencillamente era solo calentura de momento detrás de unos bonitos ojos verdes. Todo eso y muchas cosas más forjaron las herraduras de mi corazón y de mi cerebro para entender que las puedo utilizar mientras me aferro y disfruto de los placeres de la vida que como una vez bloquearon lo que realmente era y no querían dejara salir. Es sencillo, aprendí más a disfrutar yo que hacer feliz a los demás.

 

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