Mujer de oro. La que se siente un trofeo para ella misma.

Una mujer de oro no necesita de alguien que la haga trofeo. ¡Ella es y se siente un trofeo! Y como todos sabemos, los trofeos se ganan no se regalan.

Maritere.

De una vez por todas, debemos entender que no somos el trofeo de alguien, y mucho menos regalar nuestro cuerpo y nuestra esencia de buenas a primeras. También es cierto que a veces lo hacemos sin querer, por gusto, porque nos place, pero si lo hacemos sin colocar en jaque nuestro corazón y vulnerabilidad, bienvenidos sean los encuentros casuales.

 

 

De lo contrario, vales oro. Y si sabes que alguien te merece por lo que eres, más no por lo que das, no te colocaras tan fácil en bandeja de plata, recuerda eres “oro”, incluso más preciado que eso. No eres ni siquiera un objeto que pueda colocarse a la vista de todos, eres lo que sientes, lo que crees valer. Y empezando por eso vales demasiado.

 

 

No te regales, no te prestes si estas al tanto que tu corazón pueda verse involucrado, eres tú la dueña de tus decisiones y acciones. No juegues ni experimentes sabiendo qué tanto puedes salir lastimada. Eres inteligente, sumamente inteligente, y bien sabrás cuando es momento de detenerte, de decir “No”.

 

 

No necesitas a alguien para que te luzca en las calles y con los demás. Necesitas a alguien que crezca contigo, con quien te sientas tu misma y sobre todo bien. Alguien para calibrar tus miedos, envenenar poco a poco tus recuerdos y desintoxicarte del pasado. Necesitas a alguien que te afirme lo que sientes que eres desde muy dentro, que se gane cada parte de tu ser.