No creas en la belleza de mis palabras.

No creas en la belleza de mis palabras, cree en la constancia de mis acciones.

Algo que también lo aplico en mí, no soy ningún cordero y mucho menos  una oveja blanca y delicada. Con el tiempo también he aprendido a engañar, a mentir y portarme mal. Culpa que a diferencia de muchos, no se las arrojo a las malas relaciones y mucho menos a terceros.

 

 

Sencillamente aprendí a sobrevivir en un mundo lleno de altibajos donde yo era un globo más, alrededor de miles de alfileres. Aprendí hablar bonito, con el dulce entre mis dientes, y aunque creas que estoy llena de veneno es todo lo contrario. Me aferre a la realidad de que los buenos somos pocos, y que no todo lo bonito se ve en la palabras sino en la constancia de las acciones.

 

 

Soy ácida algunas veces, y es porque prefiero demostrar en acciones llenas de cariño y amor. Por mucho que hable bien y bonito, a veces uso eso como una resguardo, para no ser maltratada y como un reflejo de lo que guardo.

También se disimular, y cambiar de conversación, y muchas veces te diré exactamente lo que tú quieres escuchar. Estoy ahí, a la puerta de un buen gesto y palabras que llegan a tus oídos como suave brisa del mar, a tal punto que puedo embriagarte, con tan solo tener una conversación contigo.

 

 

Pero no te dejes deslumbrar por eso, y aunque yo sepa cómo mentir, son mis acciones recurrentes las que hablan sobre mí, lo que viví y una vez fui, porque a diferencia de varios, yo no dejo corazones partidos.