No es despecho, son los recuerdos.

A veces no es despecho, son recuerdos.

 

Recuerdos que se plasmaron en la mente como un matiz. Están ahí presentes día a día, no se esfuman por más de que se quiera. Es algo que no se veía venir, más cuando se tomó por decisión propia partir. No se sabía entonces cuales eran las consecuencias, recuerdos.

Los que se salen de la mente sin permiso, se cuelan en conversaciones con otros que te juzgan por tener un supuesto despecho, pero no; son recuerdos de un luto que se guardó muy dentro, se quedó impregnado en los huesos y no quiere salir.

 

Y no lo hace, no quiere salir incluso de la cabeza, son fotografías de escenas que se vivieron una y otra vez, que por lo maravillosas que fueron es casi imposible dejar ir. Y aunque quieras repetirlas con alguien más, sencillamente es mentirse a uno mismo. Es increíble como hay personas que marcan tu vida de tal forma que son casi imposibles dejar atrás.

 

Pero se trata, y se puede hacer; son cultivos que en algún momento brotan para sembrar otros más, sencillamente son recuerdos guardados en el disco duro de nuestro cerebro que no se pueden formatear. No es despecho, es la sonrisa que se escapa producto de algún recuerdo, son los sueños nocturnos de esa esencia que quizás en la distancia te piensa como tú a él.

 

No es despecho, son recuerdos rebotando en la mente queriéndote devolver atrás, pero no, ya es demasiado tarde para alguien que no valoró tu luz.