No existe maquillaje que oculte nuestra cara después de una buena noche.

 

No existe labial, mascarilla o polvo que pueda disimular ese resplandor que queda luego de que un frío poco descriptible y un espasmo increíble se producen en nuestras piernas.

 

Imagen: Weheartit

 

Es cómo querer tapar el sol con un dedo, pues más que el semblante nuestro ánimo cambia a un 100%. Es imposible ocultar la satisfacción reflejada en un rostro que por segundos y minutos fue al cielo y bajo otra vez. Que sientio en cada poro de su piel choques eléctricos al encontrarse con otro cuerpo que sentía lo mismo.

 

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Son expresiones que delatan, que nos deleitan aún más cuando estamos frente al espejo y como si fuera poco nos lleva a querer repetirlo una y otra vez. En definitiva no existe ni existirá alguna fórmula cosmética capaz de cubrir una expresión tan compleja, el resultado de un momento se euforia, pasión, erotismo que cuando van mezclados con cariño y amor es aún más difícil de ocultar.

 

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Estoy segura que a la mayoría nos sucede lo mismo. Aun lavando nuestro rostro para tamizar el sudor impregnado el brillo resplandeciente es más fuerte y encantador, tanto que atraemos por todas esas energías liberadas a otras personas que a lo mejor no se cautivan con noches de pasión como lo hacemos nosotras antes de salir a la luz del sol.

 

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Sencillamente es nuestra mirada hablando por sí sola, los labios recordando a esos que anoche dejaron huellas en nuestro cuerpo, a tal punto de volverse masoquistas y lastimarse con una leve mordida en el labio inferior para luego con ese recuerdo llegando a nuestra mente formen una curva sensualmente encantadora que ningún labial puede ser capaz de vestir.

 

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