No me interesa su volumen corporal, solo su intensidad.

Me complace verle, y rodear con mis brazos sus voluminosos músculos.

Muchas veces me arrope con la idea de ser un tanto superficial, sí lo era. Pero se cruzaron en mi camino un par de hoyos en las mejillas y todo cambio de opinión, incluso la mía.

 

Imagen: Weheartit.

 

Me atrapo su intensidad, su manera loca de amar, sus sonrisas al andar. Todo lo que es él y lo que es capaz de dar. A este punto de mi vida, quizás me convierta en la próxima Frida Kahlo y él en Diego. Es escalofriante incluso tenerle de frente, es como si una ráfaga suave de brisa se mezclara y pasara por mi rostro para refrescarme el día.

 

Imagen: Favim.

 

Y ahí está, el sigue ahí. Con todas las intenciones de quedarse, con toda ese volumen que lo representa, pero,  me detengo a pensar solo en esa intensidad que se desborda por su piel. La manera en la que sus grandes manos bailan sobre mis caderas, esa manera de transformar un momento tierno y cariñoso en algo totalmente diferente, con él me he convertido incluso en masoquista de su rudeza.

 

Imagen: Tumblr.

 

Esa rudeza disfrazada de ternura que le sienta muy bien, sobre todo en esos momentos donde mis ánimos están por el suelo y él de la nada los eleva sin pedir permiso. Tal vez esa intensidad sea proporcional a su volumen corporal, dónde estaba yo que perdía mi tiempo, pero estoy segura que él llego en el preciso momento para quedarse enganchado a un cuerpo tan frío y con arranques de intensidad como el cuerpo en el que yo vivo.

 

Imagen: Tumblr.