No soy mujer de amigas, soy mujer de hermanas

Perdía libertad de hacer lo que verdaderamente deseaba porque era justamente lo que yo juzgaba de otras mujeres.

Las mujeres desde hace un tiempo las he dejado de ver como lo hacía hace años. Me dejaba guiar por estereotipos tontos que a la larga no me aportaban nada, al contrario, me restaban siempre. Perdía libertad de hacer lo que verdaderamente deseaba porque era justamente lo que yo juzgaba de otras mujeres. En el fondo quería hacer y ser, pero no me atrevía porque en mi cabeza eso estaba mal. En mi cabeza sabía que sería juzgada del mismo modo en el que lo hacía yo.

 

 

Entendí que las mujeres nos abandonábamos las unas a las otras en una batalla sin propósito

Así que tuve que sentirme frustrada conmigo misma para darme cuenta de la verdad. Desde que quise hacer ciertas cosas, hablar de ciertos temas sin tabú, fue que entendí que las mujeres nos abandonábamos las unas a las otras en una batalla sin propósito. Entonces fue tan claro para mí que desde el comienzo de los tiempos las mujeres hemos sido arrinconadas para que peleásemos entre nosotras, que comprendí que debía hacer algo para que esto cambiara, y aunque fuese solo yo contra el mundo, no me importó, porque para mí era importante dejar de tener simples amigas o simples conocidas… ahora lo que me importaba era tener hermanas. Exacto. Sí. Hermanas.

 

 

Todas las mujeres del mundo serían mis hermanas. Lo decidí con la firmeza de un corazón que brincaba en mí pecho de orgullo.

Todas las mujeres del mundo serían mis hermanas. Lo decidí con la firmeza de un corazón que brincaba en mí pecho de orgullo. Ya no más enemigas. Me prometí amar a cada mujer como si fuesen de mi sangre, paridas del mismo vientre de donde vine yo.

Entiendo a cada mujer. Y sobre todo, me duele cada mujer.

Y claro que ha funcionado. Amo enormemente a cada mujer. Respeto a cada mujer. Entiendo a cada mujer. Y sobre todo, me duele cada mujer.

Y aunque sigo teniendo temor, encuentro fuerzas en mis hermanas. Una fuerza descomunal que me abraza y me acuna y me arrulla. Soy feliz así, amando y sabiendo que de cierta manera soy correspondida por aquellas mujeres que me entienden.