No puedo bajarte la luna, pero si puedo llevarte hacia ella.

Me dijo… No puedo bajarte la luna, pero si puedo llevarte hacia ella.

 

Y así comenzó lo que hoy es una tormentosa pero deliciosa historia. Una muy desenfocada de algún modo, algo tortuosa y llena de fracturas, pero al final de cada línea mal escrita siempre hubo un punto final que nos llevó a la gloria.

Puntos que solo eran final en cada texto de nuestra historia, y es que al final la nuestra solo quedo en puntos suspensivos. Ahora después de extrañar esa luna todas las noches, imagino que otra llega a ella gracias a él.

 

Le concedí el privilegio a otra persona, quizás después de mucho exigir termine cediendo mi puesto a alguien que hoy logra saborear lo que yo tanto extraño al final de mi día. Y es que en cada uno de ellos siempre estuvo él, con su mirada intensa y sus brazos a mi favor, haciéndome una invitación frecuente a ver la luna y terminar acompañados por el sol.

 

Pero ahora ese panorama ya no es mío, le pertenece a otra mujer que quizás gocé o no de la dicha de su compañía, y aunque no fuese muy necesario se le recuerda cada día como si fuese único y especial a pesar de haber muchos como él. Pero, siempre será diferente, marcando su propio estilo y esa manera de desvanecerme frente a él sin importarle lo que sucediese después. Es ese espíritu de aventura y locura que hoy sigo extrañando y al que pretendo algún día volver, y es que hasta el momento solo él me ha hecho ver la luna tan de cerca y a su manera.