Yo no quiero 14 de febrero, ni cumpleaños feliz

 

Lo que yo quiero corazón cobarde, es que mueras por mí.

Pues no, no quiero un amor siempre tirado al convencionalismo y al consumismo de esta sociedad. No quiero un amor que me llene de flores, chocolates y peluches, un catorce de febrero para celebrar el día donde todo el mundo se acuerda que debe amar. Para celebrar nuestro amor tengo todas y cada una de las tardes en las que tenga tiempo para prepararte un café y sentarme a beberlo contigo.

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No quiero un catorce de febrero lleno de saludos hipócritas en el cual todas las personas celebran la amistad pensando que es la “navidad de los amigos con derecho”. Para celebrar a mis amigos (a los de verdad) tengo uno que otro fin de semana en los que todos logramos al fin estar libres de trabajo y tareas.

No quiero un catorce de febrero con cena romántica y de gala para celebrar una relación “perfecta”. Para celebrar nuestra relación tengo los lunes en los que discutimos por quien irá a comprar la cena, tengo los martes en los cuales echamos a suerte a quien le toca sacar la basura, tengo las veces que nos quedamos sin dinero y tuvimos que comer latas de atún.

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No quiero un catorce de febrero con reserva en un nuevo hotel. Para consumar nuestro amor tengo las noches en las que no te dejo dormir porque necesito más de ti, tengo los días en los que me merodeas como un jaguar cazador que no descansa hasta tener entre sus dientes a su presa.

Porque como dice Sabina: “No quiero catorce de febrero, ni cumpleaños feliz”.  Yo amor mío quiero que mueras por mí, cuando sea necesario, porque de la misma forma, yo lo haré por ti.

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Sí, como vuelve a decir Joaquín: “Y morirme contigo si te matas. Y matarme contigo si te mueres. Porque el amor cuando no muere mata. Porque amores que matan nunca mueren.”

Entonces miremos perversamente como todos celebran un solo día, porque así nos dejan los demás días para ti y para mí.