No sabes lo que te haría.

No desconfíes, que soy una dulce y delicada dama con una mente repleta de muchas ideas. 

 

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Pero, si te resbalas puede que cambie de piel y te quiera comer. Soy tranquila mientras no me provoquen pero una vez que lo hacen entro en juego y detenerme es casi imposible.

 

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Creo que todas por muy santas que a veces queramos ser traemos esa fiera guardada en el fondo, muy en el fondo detrás de ese rostro de niña tierna. Me atrevería a decir que tenemos los mismos deseos entusiasmados que ellos tienen, incluso peores. Por muy tiernas y educadas que queremos aparentar ser de vez en cuando o casi siempre queremos hacer con ese hombre que nos agrada lo que se nos venga en gana, una infinidad de ideas y actividades atrevidas que sabemos disimular muy bien ante la sociedad.

 

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Y no nos hagamos las buenas de la historia, la doncella a quien salvar si en el fondo sabemos que quizás somos más el lobo feroz que la propia oveja tratando de huir. Nos encanta estar en el rol de sumisa y obediente, cuando sabemos que por dentro en nuestro dedicado y minucioso cerebro pasan una cantidad infinita de ideas traviesas llenas de arte, de todo lo que queremos hacer con ese hombre que se vuelve caballero a nuestro lado, solo que él no tiene ni la más mínima idea que somos un lobo disfrazado de cordero.

 

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¿Acaso esto es malo? Le preguntaría al género masculino cómo prefieren a las féminas y estoy segura que más de uno respondería: Prefiero una mujer diabla que santa, para así imaginar lo que haría conmigo pero sin tener idea de cuándo, cómo y dónde. Ellos quieren un terreno que regar que sea igual a ellos, una mente igual o peor de perversa que los saque de la rutina.

 

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Por eso defiendo a esas mujeres de espíritu libre y mente abierta que no andan aparentando ser santas, solo tiernas pero con esa peculiar picardía que el hombre de una vez percibe. Y cuando esto sucede cae sumiso ante ella y de manera muy sigilosa ese lobo disfrazado de cordero susurra a su oído “No desconfíes que aun yo estoy aquí, hasta que tú me lo permitas”. 

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