No somos propiedad privada de nuestros padres

He dejado de hacer cosas muy puntuales que aun deseo hacer porque no quiero decepcionarlos.

Es un tema delicado, un tema que puede causar opiniones encontradas, pero de acuerdo a muchas conversaciones entre amigos, me he dado cuenta de que muchas veces dejamos de hacer o decir, por respeto, incluso, miedo a nuestros padres. Y siempre concluimos con lo mismo, que muchas veces nos hemos sentido frustrados por no hacer o ser todo lo que hubiéramos querido porque a nuestros padres eso no les hubiera gustado.

Por ejemplo en algo tan sencillo como en hacerse un tatuaje, aun siendo mayores de edad porque a nuestros padres les entraría un ataque, o como por ejemplo los hombres dejarse el cabello largo porque a nuestros padres eso les parecería horrible.

 

 

Entiendo el respeto por ellos porque incluso yo pienso mucho en las decisiones que tomo y en lo que pensarían ellos, pero también es cierto que he dejado de hacer cosas muy puntuales que aun deseo hacer porque no quiero decepcionarlos.

Sinceramente creo que la vida sería mucho más bella si creyéramos en la libertad de que nuestros hijos tomen sus propias decisiones (mayores de edad) sin que les caigamos encima con gritos y palabras de decepción.

Intuyo que esto va ligado mucho desde la cuna, desde la forma en la que nuestros padres fueron educados y de cómo nosotros estamos siendo educados. Afortunadamente el mundo está evolucionando constantemente y cada quien puede irse dando cuenta por sí mismo de que no todo es tan grave como se veía antiguamente.

 

 

No somos propiedad privada de nuestros padres, ni nuestros padres lo son nuestra. A ellos les debemos respeto, debemos procurarlos, amarlos, apechicharlos, pero ojalá tomar decisiones fuera más fácil sin sentir el yugo de una posible desilusión de nuestros padres.

No lo sé. Tal vez no todos los padres sean así, pero es cierto que existen todavía los que están bien chapados a la antigua.

 

Fuente imagen: Pinterest