No soy la amante, pero tampoco la oficial.

Por años he sido la persona más odiada por unas cuantas de mí mismo género, por una en especial. Y de algún modo esto parece tornarse una costumbre para otras.

 

Y no es que ande por ahí arrebatando amores al azar, más sin embargo siento ser el punto de discordia que muchos quieren. La persona madura, autentica y natural que algunos no encuentran al llegar a su hogar.

 

No soy la amante, pero tampoco la oficial, más  soy esa mujer que coloca en discordia la mente de los hombres por los que pelean otras. Hombres que al final no saben lo que quieren, pero tampoco te quieren soltar, y aunque no sean muchos en esta historia, si los suficientes para hacerme entender que quizás hay algo en mí que otras no tienen.

 

Ese algo que me hace ser especial, la madurez quizás que pocas tienen. Y no es que me sienta orgullosa en su totalidad, pero sin ser la amante o la oficial, esto es algo que causa gracia a mi personalidad.

 

Una me ha llegado a odiar con el tiempo, por arrebatarla del pensamiento de un hombre al que cabe destacar yo conocí primero. Sin embargo, su elección fue ella aunque yo viva como un fantasma en su piel y en las ideas celosas de ella. Otra quizás aún no sepa de mi existencia, y aunque no está en medio del camino, estoy segura que al colocarse al tanto de mi presencia le hervirá la sangre a tal punto de llegar a compararse conmigo y no poder.

 

Sí, no poder. Porque estoy al tanto de que todas somos irrevocablemente diferentes, pero yo; yo, tengo algo que los hombres nunca encontraran en ellas.