No sueñes con ángeles cuando te gusta el infierno.

No busques y menos sueñes con personas de alas blancas, cuando te gusta el calor del infierno.

 

Y es que la mayoría llevamos demonios dentro. Entonces para qué aferrarnos a falsas esperanzas de que llegaran ángeles misericordiosos en busca de nuestra paz si eso es lo último que queremos. Soñamos constantemente con personas cálidas y angelicales, pero en el fondo nos gusta la acción donde todo sea llamas y calor.

 

Para qué caernos a mentiras cuando en el fondo muy bien sabemos que morimos por arder en las llamas de la pasión, por sentir el cálido beso de un amante que más que caído del cielo viene de las profundidades de una tierra ardiente.

 

Para qué conformarse con la paz si podemos tener toda la locura pasional de una persona y aun así conservar su calma interna. No soñemos entonces con personas tranquilas y angelicales cuando en el fondo queremos  pasión desbordada sobre alguna cama, en el sillón de la sala o en cualquier otro rincón de la casa.

 

Y es que para calma la propia, esa que llevamos dentro desde chiquillos pero que con el paso del tiempo se va corrompiendo un poco. Pues cuando conocemos el calor y el ardor de lo prohibido los ángeles se caen de la cama soltando sus alas por tanto haberse estremecido. Cómo soñar entonces con ángeles eternos si es lo que menos queremos, es buscar calma cuando lo que más nos gusta es la turbulenta tempestad, y a veces se trata de eso, conseguir algo más que solo tranquilidad.

Algo que nos sacuda por dentro y nos haga despertar.