No te miro, te contemplo con cariño y un poco de deseo a la vez.

Mientras mis ojos recorrían cada parte de su figura, él me pregunto ¿por qué me miras tanto? – No te miro, te contemplo con cariño y un poco de deseo tal vez.

 

Imagen: Instagram.

 

Entonces una sonrisa se avecinó en su rostro, mientras que sus mejillas cambiaron de color. Se sintió intimidado por una mujer que le ha visto con ropa y mostrando mucha piel, tal vez fueron las circunstancias, o el reflejo de la noche oscura.

 

Imagen: Pinterest.

 

Hago esto cada vez que mi mente empieza a maquinar miles de ideas, es como un calmante para concentrarme sobre algo en particular. Una forma de distracción muy especial y que por unos minutos me hace pensar, ¡Soy afortunada, aunque no lo quiera reconocer! Y no, solamente por lo que observo, sino por el placer de observar, imaginar y crear en mi mente retratos que me hacen entender estoy viva.

 

Imagen: Google.

 

Porque no podemos arrojar la felicidad de nuestra existencia solo en una persona, nos basta en que solo bastaron dos para nuestra existencia, y que muchos con felicidad aún los tenemos vivos. Pero, regresando a mi punto de concentración no vacilaré en recordar que su mera presencia, dispara en mi algún deseo reprimido que solo con él puedo resolver.

 

Imagen: Google.

 

Contemplarle es placentero, más que cariño es un deseo hacia él, algo que está muy en el fondo y en cada rincón en mí, por más que parezca ser ácida o agria como me quieran llamar, verle me calma y hace revele en mí, emociones de ternura y deseo.