No te quiero tan azul, ni me quiero tan princesa.

Te prefiero desaliñado y con algo en la cabeza.

Y es que después de tanto andar logre darme cuenta que los estereotipos y las caras bonitas solo me divierten por un rato, más no captan mi atención de una forma duradera. También entendí que no necesito ser una niña fresa para atraer un príncipe azul, pues así de hippie como digo ser atraigo a cualquier espécimen a mí alrededor.

 

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Por eso ya no los prefiero azules sino con algo en la cabeza, con esa mente tan calculadora e inteligente que incluso me haga dudar de mis acciones. Alguien que me contradiga y me discuta sin necesidad de que lo haga por sorprenderme, un hombre lleno de ideas y de virtudes ocultas que ni quiera él se conozca, y no es que este en busca de una enciclopedia andante, pero si, de ese alguien que con cada palabra me enseñe algo nuevo y brillante.

 

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Alguien coherente y valiente, que sepa dónde está parado. Y aunque carezca un poco de madurez demuestre la inteligencia que lleva entre sus manos. Con la valentía rodándole todo el cuerpo, y ese lado masculino que hace pierda la cabeza, porque no se necesitan corceles y mucho menos pleitesías para que pierda la cabeza, solo un tanto de conocimiento y de lógica en su cabeza.

 

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Solo pido eso, inteligencia y no relleno en su cabeza, dejar a un lado ese desteñido azul que todo el mundo –mujeres- desea y de una vez por todas colocarle inteligencia a ese príncipe que espero llegue y me rescate con la valentía que sale de su boca y que expresa con sus acciones.

 

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