Nos debemos ese chocolate que prometimos compartir boca a boca.

 

Definitivamente en este mundo lo único que se cumple son los años, pues nuestro gran enemigo el almanaque jamás tendrá piedad de nosotros.

 

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Sin embargo, el tiempo no me ha hecho olvidar esa dulce promesa que nos hicimos una vez. Un regalo procedente del cacao que dijiste obsequiarme en una noche fría de navidad, aún recuerdo las palabras provocativas que solo fueron escritas en unos cuantos mensajes llenos de insinuación Compartiremos el chocolate boca a boca. Repaso esas palabras y sin necesidad de verte se me hace agua la boca, sabía que esa escena seductora que automáticamente apareció producto de mi imaginación llegaría ese día, el que hasta hoy aun espero.

 

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De tantas promesas hechas y no cumplidas, que gracias también al tiempo ya olvide ésta aún no desaparece de mi cabeza, tal vez sea su grado de insinuación que interfiere entre mi “pasa la página” y “espera” aunque no sea mujer de promesas y palabras solo de acción aún mantengo la convicción de cubrir esta promesa en la cual yo también estoy implicada, pues mis sentidos y mente esperan sea cumplida con desesperación.

 

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Pero por el momento yo me mantengo firme ante esa proposición tan encantadora, de tan solo imaginar el dulce sabor del chocolate mezclado con sus besos hace que colapse mi dopamina por la sobredosis de ambas exquisiteces. Es una promesa que nunca dejaré pasar por desapercibida, así sea la última que nos hagamos en nuestra vida la conservo guardada en mi subconsciente esperando ser rescatada y ejecutada solo por nosotros dos.

 

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