Nunca permitas que tu pareja te quiera cambiar, a menos que sea de posición.

 

Nunca permitas que cambien tu manera y forma de vestir, cómo maquillarte e incluso cómo sonreír.

 

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Jamás permitas que te digan ¡callate! Si tú eres libre de decir lo que te dé la gana, cómo, cuándo y en dónde.

Nunca permitas que aplasten tus sueños o los quieran cambiar. Incluso no dejes a un lado los tuyos por cumplir los del otro.

 

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No permitas juicios sobre tu forma de pensar, mucho menos si no tienen nada productivo que agregar.

Incluso no permitas que perturben tus días de soledad imponiendo su compañía. Si te sientes a gusto cuando estas contigo misma, no aceptes quieran obligarte a estar acompañada por la esencia de otro humano.

 

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No aceptes incluso, te quieran seguir el rastro a todos lados. Un relación donde tienes que decir y dar detalle con detalle todos tus pasos, no es amor sino un acto de cobardía, estas en una relación por amor no como el objetivo de un espía.

Porque cuando permites tantas cosas que lleguen a modificar tu vida, estas permitiendo que te cambien y modifiquen lo que por años has construido. A menos que te quieran cambiar de posición en esos momentos de pasión desbordante, donde el alma sale de tu cuerpo para revolcarse con la de tu amante.

 

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Quien te cambia solo de esta manera, realmente vale la pena, y no solo por su intensidad al amar, sino porque te acepta tal cual y como eres sin tener que ajustarte a su creencia de personalidad.