Tengo el ojo puesto sobre un nuevo blanco de tez morena.

No solía ser extrovertida en cuestiones del corazón y menos cuando se trataba de hombres. Pero de un tiempo para acá se ha desarrollado en mí un sentido exquisito y absoluto por lo nuevo, lo desconocido eso que para mí sería “estrenar”.

 

Imagen: Weheartit

 

Entonces apareció él, y es que no era nuevo en mi vida. Lo conocía desde muy pequeña, pues teníamos familiares en común, obvio ante él yo era la niña de la casa y aunque la diferencia de edad no se acercaba ni siquiera a una década yo sencillamente era la gordita de la familia para el simpático hombre de tez morena y deportista de esa familia.

 

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Pero, era inevitable no sentirme un poco atraída hacia él, y lo que más llamaba mi atención era esa cantidad de cabello ondulado sobre su cabeza que hacia perfectamente juego con el color de su piel, todo lo opuesto a mi cabe resaltar. Luego de un tiempo transformado en mujer coincidimos de nuevo en una reunión familiar, él por su parte muy respetuoso me hacía unos cuantos cumplidos pero en broma, yo solo respondía para no quedarme atrás, puesto que ahora ese simpático deportista ya contaba con otra persona a su lado.

 

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Pero el destino, el cosmos, el universo –qué sé yo- confabulo a mi favor. Apareció de nuevo pero ahora está soltero y oficialmente se ha convertido en mi nuevo blanco, sin hacerme tantas ilusiones creo que somos la suma perfecta para un buen resultado. Solteros, jóvenes y emprendedores; pues luego de un par de conversaciones coincidimos en un par de cosas, luego de decirme ¡Hola, hermosa! Me volví una gelatina, lo bueno es que ya no soy la pequeña niña gordita de la familia y sé perfectamente lo que quiero y voy justo al blanco que aunque ya existen un par de años de por medio para mí es como nuevo y obviamente pienso lanzarme a la travesía por ese hombre de ondulada cabellera y tez morena.

 

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Y ahí voy, lenta pero segura…. Porque sé lo que quiero.

 

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