Para seducirme, sonríe y ya.

Para seducirme simplemente sonríe y ya.

 

No necesita trucos, magia, ni mucho menos enseñarme piel, es esa curva en su rostro la que me conduce hasta él, me repite una y otra vez que tengo la invitación para entrar hasta su hogar.

Ese físico y corporal hogar, en el que varias veces hemos descubierto el suelo y lo frío que este puede llegar a ser. Es entonces su cuerpo otro hogar que contemplo una y otra vez, porque su sonrisa es la encargada de atraparme a él. Me seduce y sonroja una y otra vez, incluso esos hoyuelos en sus mejillas me invitan a pecar.

 

Me deslumbra tan fácilmente que incluso coloco en jaque mi capacidad de pensar, porque se escabulle entre cada uno de mis pensamientos en tierra para hacerme volar. Me imagino escenas con finales felices una y otra vez, con o sin ropa, acostados o de pie.

 

Es entonces como juega una y otra vez a perderme, porque está seguro que al sonreírme me seducirá. No le importa entonces cual será el camino que tomara pues está seguro que con su mirada intensa y esa curva en su rostro me arrastrará de nuevo hasta el hogar que hay en su cuerpo y donde conoceremos una y otra vez el suelo.

 

Una sonrisa que valoro incluso en los peores momentos que he pasado junto  a ese cuerpo, porque me demuestra tranquilidad, paz e incluso un poco perdida de cordura que a la final me llevan a la locura con él.