Pasan los años, pero no los amores.

Hay amores que se quedan incrustados en la piel como las suaves caricias de una noche de pasión sin freno.

 

Imagen: Weheartit

 

Aunque los años pasen por nosotros y tal vez se reflejen en nuestro cabello, tal parece que la sangre bombeada por nuestro corazón siempre llevara el nombre de esa persona que una vez nos dejó sin aliento. No existen límites, fronteras o continentes que separen los recuerdos de esos amores que solo se presentan una vez en nuestro tiempo.

 

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Pasan los años; otros labios y otros aromas. Pasan los minutos como los automóviles en la avenida que una vez recorrimos con esa persona. De tanto que esperamos a que pase ese viejo amor lo único que se nos pasa es el tiempo y a veces solo nos quedamos solos. Algunos se dejan acompañar por una soledad frustrante mientras otros aprenden de su amor propio y entienden que los años son como la arena entre los dedos y que a los amores se los lleva el viento.

 

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La agujas del reloj pasan y se olvidan de la forma más sutil y precisa – ojala ocurriera lo mismo con esa silueta que una vez se confundió con la nuestra entre las sabanas-. Sencillamente son los momentos, los verbos, besos y las miradas que se mezclaron pero que jamás pasaron; y si así fuese, un suspiro no saldría rebotando de nuestra garganta en este preciso momento para robar por unos minutos espacio en nuestra mente, ocupando con algún recuerdo ambiguo la presencia que alguna vez tuvo ese otro humano en nuestra vida, en nuestro tiempo.

 

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