Perdí la fe en el amor, pero me quedaron las ganas de hacerlo.

Hace un tiempo ya, perdí la fe en ciertos asuntos del corazón.

 

Imagen: Tumblr.

 

Durante un tiempo salía de una relación y entraba en otra sin tomar una pausa, saltaba de una aventura a otra sin percatarme donde estaba sumergiendo mi pequeño y delicado corazón. Y así me mantuve “quemando una etapa de mi vida” como la mayoría solemos decir, cuando en realidad estamos quemando sentimientos y cerebro en algo con muy poco sentido.

 

Imagen: Tumblr.

 

De cierto modo eso contribuyo mucho en mí, de todos aprendí un poco, y aunque perdiese la fe las ganas aún permanecen ahí. Sí, las ganas por toparme con algo mejor, algo que de acuerdo a mis vivencias tenga poco de lo ya vivido, otro ser que renueve la fe en mí, aunque a esta edad crea más en los deseos carnales que en ese sentimiento llamado “amor”.

 

Imagen: 8tracks.

 

Igual, mis ganas permanecen como la grama que crece en el jardín, ganas por tener la pa-sión siempre viva a mi lado, o sobre mí. No tener que prestarle tanta atención a los errores del pasado y perfeccionarlos de ahora en adelante. Porque aunque perdiese un poco la fe, mi cuerpo aun pide ejercitarse, el pobre no tiene la culpa que mis sentimientos estén un poco confundidos tratando de conseguir responsables.

 

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Por eso, ahora espero sin apresurarme. Me mantengo a la expectativa de algo nuevo y memorable. Algo que me sacuda desde muy dentro haciendo que pierda el control y la noción del tiempo, porque las ganas perduran y lo harán hasta que mis hormonas envejezcan al igual que yo.