Pobre príncipe azul. No tiene idea de dónde se metió.

Hay tantos príncipes azules paseándose por ahí, tan sumisos e indefensos en la vida, en busca de sus doncellas, mujeres frágiles que cuidar.

 

 

Pero a diferencia de cualquier cuento de hadas, los fuertes pero sumisos caballeros de envestidura azul caen en las manos de todo lo opuesto a una doncella frágil. Desgraciadamente se topan con mujeres que son más fieras que aves blancas en cielo.

 

 

Pobre príncipe azul, que creía ser el plato fuerte sobre una mesa elaborada para dos. Quizás no sea él, quien se lleve toda la atención en esta oportunidad, pues se topó con una mujer tan ardiente como el sol. Y no está durmiendo, esperando a que llegue un príncipe a rescatarla, ella sabe cómo desenvolverse en un mundo lleno de otros mortales audaces.

 

 

Una doncella que no monta un caballo de lado, pues tiene como transporte una motocicleta que ella misma se compró. Mientras que ese príncipe azul camina por la ciudad creyendo que su princesa también lo hace. Pero ahí le espera ella, con el brillo en los ojos, pues aún existe algo que la hace parecer princesa, sabe lo que quiere, y es a él en sus manos.

 

 

Lo busca y se deja encontrar, como lo haría cualquier mujer que sabe lo que quiere, solo que es ella una tempestad que quema como el sol y revuelca con su personalidad poco convencional. Pobre de ese príncipe azul, no tiene ni la más mínima idea de dónde se metió. Porque aquí ella es la doncella y la bruja del cuento.