Eres el polvo que quedo en un rincón.

Ese que ni siquiera pienso recoger, porque limpiar seria alborotar parte de un pasado que poco me importa.

La limpieza va más allá del hogar o la oficina, nuestra mente, alma y cuerpo merecen ser limpiados de vez en cuando y si es necesario siempre. Entonces es ahora que entiendo porque desde niñas nos enseñan esta ardua tarea que muchas veces llegamos a odiar, porque así como la vida es un proyecto es un hogar que merece su propia limpieza.

Imagen: Pinterest

Recoger todos esos escombros de un pasado sin solución, eliminar de una vez por todas los residuos de personas que ya expiraron en nuestra vida. Y sin necesidad de utilizar un detergente o una escoba cambiar de hábitos y rutinas nos hará renovar ese desorden que a veces llevamos dentro. Simplificar lo que merecemos de verdad, dejar un espacio para lo nuevo y poco conocido pero que con ansias esperamos devorar.

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Entonces después de tanto desorden o tiradero como el que tú mamá está acostumbrada a pelearte te consigues ese pequeño escombro de tu pasado lleno de polvo en un rincón. Te haces a un lado, sonríes y prefieres ni siquiera levantarlo de su sitio para que no alborote el ambiente tranquilo por el que te esforzaste construir.

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Y a mí me sucedió eso, ese es el tiradero por el que no le haría caso a mi mamá. Prefiero que se quede ahí donde está, donde se merece estar. Porque hay cosas que preferiblemente no merecen ser levantadas del sitio donde se encuentran.