Que tonta distracción, que dulce sensación.

Ese caminar pausado es una tonta distracción, una dulce sensación.

 

Es ese movimiento con su cuerpo lo que me mantiene tonta como una flauta a la serpiente que duerme. Verle caminar es una sensación exquisita que nunca dejare de darle a mi vista.

Y es que tiene un no sé qué, que me mantiene no sé cómo. Esta ahí cada día para afirmarme lo que escogí, como queriendo decirme de algún modo que fue una excelente decisión para mí. Su cuerpo es la silueta perfecta que combina con las sábanas sobre mi cama, verle dormir tumbado con la espalda descubierta es el jardín del pecado.

 

Es donde puedo refugiarme una y otra vez, pues sé que él es mi mejor amante, mi amigo y el hombre con quien envejeceré, a pesar de ser un poco mayor que él. Y es todo eso lo que me llena de vida y me mantiene cautivada por un futuro lleno de esa silueta divina, una que solo quiero ver yo.

 

Porque lo quiero solo para mí, sin intrusas que quieran cautivar su vista al igual que yo. Es una distracción marcada con mi nombre por todos lados porque lo considero completamente de mi propiedad, es una dulce sensación que me mantiene despierta a toda hora y llena de un dulce que creí no tener todo mi cuerpo.

 

Tropiezo con todo  e incluso pierdo el sentido del tiempo cuando esta por ahí, y no quiero que ninguna otra sienta esa misma sensación de momentos. Él no es mi mundo, pero si mi universo.