Quien juega con agua se acaba mojando. Ahora todas mis lágrimas llevan tu nombre.

Jugué con toda el agua que brotaba en mí, me volví una nadadora especial cuando de amor junto a ti se trataba, pero terminé ahogándome entre mis propias lágrimas.

 

Y es verdad que la pase muy bien, que no toda la humedad contigo fue solo dolor, pues en todo esto siempre hubo algo excitante y lleno de pasión, lo que provocabas en mi antes y después de llegar al furor. Fue toda esa humedad entonces la que me permitió estar totalmente a tu lado, la que abrió paso al inicio de lo que vendría después, a lo que me arroje sin contemplación y menos permiso pues fue exactamente lo mejor que me pudo pasar a mí.

 

Pero sin embargo, no dude en derramar lágrimas por ti, me empecé ahogar en ellas sin darme cuenta que todas eran por ti, porque aunque sabía que estaba jugando con agua no tenía ni la menor idea de lo que podía ocurrir aquí.

 

Porque contigo todo es sumamente peligroso, el fuego y el agua por igual, de alguna manera me fascinaban a tu lado pero terminaba lastimando por completo, pues todo en exceso es malo. Quien juega con algo así, termina incluyéndose más de lo normal, termina entonces empapándose todo ese amor que el otro le da, sin darse cuenta que puede ser perjudicial.

 

Pero ni siquiera eso me importó a mí, me dirigía siempre en tu dirección y en busca de más. No pensaba y mucho menos analizaba cuando era el cuerpo quien me pedía más de ti.