Quien se ríe solo, de sus travesuras se acuerda.

Y bien que lo decía mi abuela, quien en silencio dibuja una curva en su rostro es porque de alguna travesura se acuerda.

 

Imagen: Weheartit

 

Un evento hecho a escondidas y quizás con mucha pero mucha adrenalina de por medio. Esos verbos repletos por todos lados de aventura y tal vez un poco de besos a escondidas que se resbalaban por la piel de algún ser humano. Hechos tan exactos y precisos, deliciosos y delicados que solo prefieres guardarlos para ti, aunque tu abuela ya se diera cuenta con tan solo mirar tus ojos.

 

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Porque más allá de una sonrisa que nos traiciona por los recuerdos, son nuestros ojos las ventanas de un pasado lleno de muchos verbos ocultos pero bien vividos. Son las pupilas y una sonrisa radiante quienes se convierten en nuestras confesoras más relevantes.

Es saber que estamos viviendo con cada locura cometida, que todo eso que sucedió nos dio la respuesta al por qué respiramos cada día. Somos más que un cuerpo lleno de sangre, carne y órganos; somos acción mucha pero mucha acción que a veces reprimimos por miedos estúpidos y tabúes insostenibles en un mundo lleno de pecados.

 

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Pecados que sabemos cometeríamos una y otra vez, pecados justificables que a nadie hacen daño, salvo a veces nuestro propio corazón. Pero, de todo está llena esta vida, de subidas y bajadas llenas de mucha pero mucha adrenalina, de escapes, encuentros, baile, canto, aventuras que nos cortan la respiración en cuestión de segundos y de besos perdidos en alguna discoteca o en un colchón. Más por si fuera poco, besos acompañados por aventuras que sin tener la menor duda nos llenan de satisfacción, travesuras realizadas que nos convierten en cínicos pero seres humanos vivos.

 

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