Quien vive de orgullo muere de soledad.

Si bien es cierto que el orgullo es necesario, también lo es entregarse totalmente a él para perder buenos momentos. Y es que eso es lo único que se pierde aquí, buenos momentos que pudieron ser únicos en el tiempo para alguien como tú, sí, para el que está leyendo esto.

 

El orgullo nos nubla, nos hace perder momentos y personas especiales con las que pudo haber cambiado nuestra vida, nos desenfoca y saca del camino para querer perpetuar su triunfo, pero es totalmente nuestra culpa. Creernos que nos la sabemos todas, que podemos hacer y deshacer con nuestras acciones y salir ilesos de ello sin lastimar a las demás personas.

 

Pero incluso ese estúpido orgullo lastima, y lo hace a su mejor modo, apartando de nuestro lado lo que valdría mucho la pena haber vivido. Y es entonces cuando sucede lo que todos sabemos pasará, la soledad indiferente que aparece para saludarnos y decirnos que es el resultado de todo ese orgullo tonto y vivido.

 

El que nos deja solos y a la intemperie de nuestras acciones, con el que tendremos que aprender a vivir si no hacemos algo que cambie definitivamente. Entonces es algo que definitivamente se tiene que pensar, dejar a un lado la frialdad, y ese corazón impenetrable que una vez formamos por culpa de alguien más.

 

No dejemos entonces que alguien más nos cambie la vida y pretenda hacer de nuestros sentimientos algo lleno de orgullo y poca vulnerabilidad.