Sábanas blancas, húmedas y frías.

Qué queda luego de unos cuantos minutos de placer, qué queda después de cariños, mimos y piel desbordándose de una cama. Qué queda después de que no hubo placer y solo fue cariño envuelto en carne o qué queda después de que fue más carne que cariño.

 

Imagen: Weheartit

 

Sábanas blancas, húmedas y frías. Húmedas por tanto sudor corporal cayendo sobre ella, tantos minutos de encuentros y miradas que se perdieron en la del otro. Minutos de cordura perdida, donde ese que piensas eres tú se fue junto a tus miedos al de desnudar tu piel.

 

Imagen: Weheartit

 

Unas sábanas blancas que permanecen intactas después de tantos movimientos juntos, de llevarle tantos colores de la calle y dibujarle unos cuantos suspiros y gemidos, pero aun así permanece intacta ante tanto y tan poco en menos de unos pocos minutos. Sabanas que se convierten en espectadores de un encuentro poco descriptivo, donde los protagonistas son los artistas, guionistas y productores.

 

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Un frío que los envuelve durante y después, un frío lleno de calor que no se sabe cómo describirlo, porque está ahí latente en todos los sentidos, en cada uno, entre las sabanas y hasta el colchón. Un frío de satisfacción que queda luego, luego de no saber qué hacer cuando el amor se desbordo de esa cama, de esas sabanas.

 

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Tal vez sean escenas monográficas de solo una noche, o quizás se extiendan por días y meses. Lo que queda es entregarse a lo desconocido y a un desconocido que mueres por conocer en todos los sentidos, una persona tan silvestre y ordinaria como tú, a la que quieres cada minuto de tu vida entre unas sábanas blancas, húmedas y frías.

 

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