Saboreo los halagos.

A todas absolutamente a todas nos encantan los halagos.

Cuando vamos por la calle, y escuchamos esos silbidos por un momento nos pueden parecer un poco vulgares o incluso irracionales, pero cuando llegan de la boca de la ultima persona en la que pensamos antes de dormir sin duda además de sonrojarnos nos llena de regocijo.

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Nos encanta saborear esas dulces palabras que nos llenan el autoestima de una dosis de energía, y sin embargo muchas veces no los recibimos solo de esa persona en particular, si no de toda esa lista de pretendientes que tenemos detrás. Quienes nos llenan la cabeza de cumplidos, unos que obviamente ya sabemos pero aún así nos encanta volver a escuchar.

No pretendemos que todos lleguen a algo con nosotras; pero escuchar esas palabras quizás nos hacen sentir más bellas, atractivas y sensuales. Sencillamente nos encanta sentirnos alagadas, y es que aún estamos sobre el ruedo con la competencia. Pero en éste caso cada una guarda en su interior la clave que las distingue del resto, la que no necesitamos que descubran muy pronto y menos que la alaguen pues sabemos lo que somos y lo que valemos.

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Seguiremos saboreando los halagos, los que nos llenan de picarda y un poco de sosiego. Los que nos llegan por mensajes de texto y peor aún los que son frente a frente y culminan con un beso, quizás la mejor respuesta de nuestra parte para ese momento, y seguramente la que él espera. Somos mujeres; y esto nos atrae, lo cortes y misterioso, lo atrevido e inquieto. Eso que nos llena la mente de imaginación y de adrenalina por un momento. Que nos cautive con sus palabras aunque siendo frívola pero realista muchas veces sean solo relleno para conseguir lo que quieren.

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Pero quienes somos para no escuchar lo que nos dicen, ser astuta es otra cosa que debemos poner en acción para no caer en la tentación de lanzarnos mal a los brazos de la pasión.