Salir a flote es la única alternativa.

Basta con tocar fondo para saber que la vida nos ha cambiado un poco.

 

Llegamos a donde pensábamos nunca llegaría el momento, ese momento en el que todo parece irse directo por el caño. Nos hundimos lentamente y no hay nadie cercano que nos salve, una mano, tan siquiera un salvavidas que nos rescate.

Y es que la luz no se aprecia cuando esta prendida, así nos sucede a la mayoría. En las buenas somos luz, una que brilla desde la lejanía, pero solo basta con hundirnos un poco y estar a oscuras para que muchas personas no nos quieran hacer compañía.

 

Pero, en tiempos de crisis donde nos hundimos lentamente, solo nosotros sabremos cómo sobrevivir, cómo salir a flote muy lentamente con ayuda de nuestros pies y elevando toda la fuerza hacia nuestras manos, solo así lograremos sobrevivir.

 

Aunque fallemos miles de veces y nos ahoguemos unas cuantas veces más, vale la pena luchar, remar una y otra vez porque incluso hay un corazón que nos hace flotar, el nuestro y el de nadie más. Pasar la vida sin pausas y sin prisas, porque hay tiempo, solo invertir lo máximo del nuestro en recuperarnos después de sentir ahogarnos muy dentro.

 

Hay que luchar, se vale y es necesario salir siempre a flote y respirar; respirar lentamente eso que el mundo nos sigue brindando sin parpadear, agradeciendo siempre y para siempre por todo, por cada momento incluso estos que nos ahogan desde muy dentro.

 

Seamos un ejemplo de vida y lucha, porque aunque sintamos ahogarnos hay que seguir nadando.