Sé entrar en tu cabeza con delicadeza.

Después de tanto tiempo invertido, saturado de exquisitos momentos, risas y miradas cruzadas, aprendí como entrar en tu cabeza y salir ilesa de ella.

 

Imagen: Weheartit.

 

Entro sin ni siquiera darme cuenta, incluso él tampoco. Sé entrar para quedarme ahí y recordarle cada minuto invertido en mí, estoy segura no haber sido la mejor, pero sé que el tiempo que estuve en su vida trate en lo posible ser parte de los dos.

Me entregue a medias, tal vez no como él quiso, pero fue en defensa propia pues sabia no era la única en su habitación. Así me mantuve hasta que no soporte más ser la otra en su vida, pues en su mente estoy segura ocupe un gran lugar. Tal vez suene arrogante, pero muchas que están o estuvieron en mi posición, sienten lo mismo.

 

Imagen: Weheartit.

 

Y es que a pesar de que digamos “todos son iguales” y que tiene miles a su alrededor, ellos siempre se inclinaran por una en especial, esa que entra en su cabeza con delicadeza y a pesar de no estar presente en cuerpo se queda ahí para el resto de su existencia. Ellos también tienen su corazón, aunque a veces no sepan cómo controlarlo, sienten, sufren, lloran y piensan por esa persona por la que muchas veces se acobardaron, aquí el mayor error.

 

Imagen: Weheartit.

 

Quizás pocos sean los valientes que se atreven a darlo todo por el todo por esa mujer, pero esto no se trata solo de uno, se necesitan dos. Nosotras también somos culpables de ahuyentarlos por nuestro poco valor, pero cuando estas al tanto de que hay otra husmeando entre sus cosas, te valorizas y ese amor propio aparece en el momento, entonces qué hacer si las dos partes no contribuyen de la misma forma. La historia queda en puntos suspensivos, mientras ella entra en su cabeza con delicadeza, aunque todos digan lo contrario.

 

Imagen: Flair.