Sentimos tanto y decimos tan poco.

Es de valientes expresarse, tal vez eso sea una virtud con la que pocos nacen.

 

Sentimos tanto que no sabemos cómo carajos expresar todo eso que se nos quiere salir volando en el vocabulario, no tenemos palabras y mucho menos oraciones con las cuales poder expresar eso que nos hace un agujero en el alma, en el corazón.

 

Sentimos tanto que solo a unos pocos nos queda la amistad de nuestras manos, las que con letras en un papel o en el computador, son capaces de liberar todo eso que llevamos en nuestro interior. Entonces encontramos la única forma en la cual podemos decir todo lo que sentimos, aunque el resto del mundo entienda muy poco.

Decimos tan poco por temor a ser rechazados o juzgados que escribir es la única manera en la que las mentes abiertas e intelectuales logran entender. Solo así seremos comprendidos aunque no salvados de lo que sentimos, y es que nadie más que solo uno mismo, es capaz de aliviar las penas que venimos arrastrando en el olvido.

 

Sentimos y decimos poco, somos espíritus que piensan demasiado y demuestran muy poco, mentes abiertas igual que el cielo al que volamos con nuestras letras, porque aunque nos digan que somos mudos, sabe más de razón aquel que sabe hablar cuando le toca, que quien habla solo por moderación.

 

En pocas palabras, sentimos mucho y decimos tan poco los que llevamos un poeta dentro del corazón y un alma de escritor. Pasamos desapercibidos y solo aquellos que en verdad nos entienden sabrán lo que sentimos.