Sentirse estancada no es más que una pequeña pausa.

Estancada, así me siento a veces, en un estanque donde parece solo estoy yo y no hay nada a mí alrededor que logre sacarme de ese ahogo.

 

Con la necesidad de que me lancen un salvavidas que logre salvarme, que me lleve hasta la orilla donde pueda salir de las profundidades que yo misma fabriqué. Porque sí, he sido yo misma la encargada de elaborar un abismo del cual no he podido salir, me hundo lentamente e incluso en pausa como tratando de evitar que eso pase.

 

Y sí, lo evito aunque no sé cómo rayos continuar; cómo salir por cuenta propia de algo que me quiere sumergir muy lentamente hasta el fin. Es mi vida en un vaso de agua que se rebosa cada vez que trato de salir, y aunque algunas cosas me hacen salir a flote con ganas de salvarme, otras me hunden lentamente queriendo que muera allí.

Que mis sueños y metas se aplacen y no vuelvan a salir, y a pesar de darme cuenta de todo eso sigo estancada sin buscar una solución o un salvavidas que me ayude a salir.

 

Es inevitable sentirse así algunos días, creer que todo se nos viene encima, sentirse ahogada por nuestra propia vida como si no existiese otra salida, pero se debe avanzar, creer uno mismo que puede y ya. Ser fuerte y de ser necesario fingir demencia ante situaciones así, las que quieren que pierdas todo el control de tu propia vida.