Ser amigos, comerse y seguir siendo amigos…eso es madurez.

No cabe la menor duda, porque aunque exista un sentimiento de por medio con nombre de amistad, cuando no se le mete corazón más sino el cuerpo y otras cosas más, todo puede permanecer exactamente igual.

 

Madurez le llaman a eso, estar con la mente y la razón claras en ese tema. En que no necesitamos un nombre más formal o derramar lágrimas de cocodrilo consiguiente a todo eso. Aunque tampoco seamos de hierro, si sabemos controlar nuestras acciones y un tanto los sentimientos, más cuando de aventura se trata todo esto, de experimentar y gozar el momento, y es que cuando hablan las ganas, la palabra “amistad” no importa mucho aquí.

 

Disfrutar y dejarse llevar por el momento, y quizás al final reír por toda la locura derramada sobre el sofá o alguna cama. De eso se trata, de no dejarse llevar fácilmente por los sentimientos, asumir con madurez que tal vez fue un error pero que de igual forma se quiere repetir porque gusto y en exceso.

 

Porque más que amistad existe confianza en todo esto, dos adultos que están uno para el otro en las malas  y en las buenas, y que se la saben llevar así entre sabanas. Es cosa de adultos que muy pocos saben cómo cargar, aunque en la mayoría de relaciones alguno de los dos le meta el corazón.

 

Así que si ya tiene un amigo o amiga con derecho a algo más, procura no echarlo todo a perder, solo por unos cuantos polvos de cama de hotel.