Si el café no te es suficiente llévame a mí; huéleme, pruébame, enamórate de mí sabor.

No sé disimular, mis labios parecen me empujaran hacia él cada vez que aparece con su taza de café. Entonces empiezo a pensar, qué hacer para superar esa bebida que nunca suelta, y así ver si solo a mí me puede sostener.

 

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¡Oye, amigo aquí estoy yo, más caliente, donde te puedes quemar sin que te duela después, tan fresca, tan yo, incluso mi sabor te hará mantenerte más que despierto, vivo!

 

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Son palabras y oraciones que a diario se pasean por mi mente, pero cómo se lucha con una bebida a la que incluso yo soy esclava. Tendría que vestirme de encaje color café y colocarme sobre una taza de sábanas blancas, para así insinuarme y sacarlo de su vicio y meterlo a otro como lo es mi piel. Soy un tanto peligrosa, pero no toxica y menos venenosa, soy de esos peligros que vale la pena ser conocidos y vividos, los que enamoran con su sabor y esencia.

 

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Por eso, mis ojos al verle no se cansan de pronunciarle ¡Pruébame de una vez! sueno un poco insinuosa, pero a diferencia de esa bebida mañanera mi sabor es de piel. Huéleme, eso es lo que quiero, sería lo suficiente para que cayera rendido a mis encantos e incluso compartiríamos unas tazas de café luego. Solo quiero eso, y un poco más; tenerle, sonreírle, amarle hasta los tuétanos y hacerle saber que si algún día el café no le es suficiente aquí estoy yo para quedarme enganchada a su piel.

 

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