Si me echas de menos, dímelo.

…quizás yo también te extrañe.

A veces me vuelvo un poco cursi, quizás sea todo ese helado de fresa y el chocolate que aparte de sumar centímetros alrededor de mis caderas, me convierten en diabetes andante, en un ser donde los sentimientos despiertan justamente cuando lo recuerdo a él.

Y es que a veces siento la necesidad de una señal, un grito a mis oídos aun estando entre los brazos de Morfeo o frente a lo desconocido, algo de su parte que se coloque de acuerdo con lo que de mi sale a flote sin ningún tipo de permiso.

Porque quiero afirmar que él también me echa de menos y que hace salga de mí esa parte tan infantil, la que me convierte en un caramelo o simplemente en un dulce de crema rodando por su cuerpo.

Justamente son las palabras que solo puedo revelar en acciones, por lo que prefiero sea él quien me exclame sus deseos para yo poder invitarles una taza de té junto a los míos. La reunión perfecta de nuestros deseos más ocultos y difíciles de combatir.

Hoy, después de tanto tiempo y de tantos momentos, el orgullo nos mata por dentro, nos vuelve incapaces de poder decir, de hablar o sencillamente de ser uno de los dos quien dé ese primer paso donde el otro solo deba expresar y dar continuación a una lista de sentimientos, porque cuando se extraña; la mente, el corazón y el alma se condensan de tanto dulce que llevan dentro.