Si no hay ganas y no hay humedad. No hay nada.

Nuestro cuerpo es el mejor aliado y también el mejor enemigo quien traiciona sin piedad cuando de amor y pa-siones se trata.

Así como a ellos se les dibuja una peculiar forma en su pantalón por el tan solo hecho de besarnos y acariciarnos, nuestro cuerpo se convierte también en un artista corporal que deja fluir cierta respuesta llena de humedad ante la motivación del caballero que nos coloca los bellos de punta.

 

Imagen: Weheartit

 

Pero, cuando este tipo de eventos que a veces nos ruborizan no suceden; en definitiva no existen las ganas suficientes de nuestra parte como para querer dar el siguiente paso. Es sencillo, cuando alguien nos gusta y atrae nuestro cuerpo habla.

Aquí se suma, ganas más humedad sencillamente es atracción o gusto. Gusto por ese caballero que por instantes nos hace olvidar lo tan fría que somos para convertirnos en creadoras de los pensamientos más eróticos que pueden existir. Porque el amor no es el único que se puede ocultar, es tan resbaladizo y poco amigo que tratar de ocultarlo es salir perdiendo. Y así son las ganas y todo el apetito que despierta en cada uno cuando ese alguien aparece.

 

Imagen: Weheartit

 

Pero por el contrario, cuando no existe ni ganas y mucho menos esa reacción física por parte de una dama, no hay nada. Por más que estemos a gusto con la personalidad del otro siempre debe existir algo más, esas ganas de comer y embriagar la saciedad que tenemos por el otro, despertar tempestades y arrebatar toda la ropa que esté de por medio.

 

Imagen: Weheartit