Si nuestras miradas se cruzan, es porque nuestras piernas quieren lo mismo.

Se han preguntado qué hay detrás de un cruce de miradas, sin pestañeo, donde los ojos parecen danzar uno con el otro.

Así de novedoso es esto, creemos que el amor y la dicha entra solo por la vista, cuando el de/ seo y la pa/ sión también lo hacen, cuando ese escalofrió se apodera de cada musculo y parece estancarse en nuestras piernas queriendo subir hasta el estómago.

 

Imagen: Weheartit.

 

Entonces, no son mariposas golpeándose en nuestro estómago, es el reflejo de un impulso que nuestras miradas envían después de vincularse. Porque no solo queremos que ellas se involucren y se combinen, queremos más, mucho más, enredar también nuestras piernas con las de él.

Un sencillo y silvestre cruce de miradas no son solo la sinfonía del amor hablando, es un reflejo también de lo que el cuerpo quiere y desea. Eso que llega a la mente como un pensamiento pervertido y sensual pero que a la final es lo que queremos en ese momento.

 

Imagen: Tumblr.

 

Cruzar eso que nos hace sentirnos más a gusto, compartir unos minutos e incluso unas horas junto a otra piel, vincular músculos, huesos y esencia debajo de las sa/ banas. Solo así, los cruces de miradas parecen tener sentido. Cuando creces, y por fin entiendes por qué quieres permanecer al lado de alguien, pequeños gestos se traducen en nada y en mucho, existe algo más dentro de nosotros que habla por sí solo, que nos vuelve vulnerables ante el suave rose de una piel, al cántico de los sonidos de otro sobre nuestros oídos. Así se cruzado se vuelve todo en nosotros.

 

Imagen: Tumblr.