Somos dos desconocidos.

…Con ganas de besarse, con ganas de que pase lo que pase.

Los que cruzan sus miradas sin miedo solo al vernos. Porque aunque sean tus mejillas las que expresan mi presencia frente a ti, es demasiado evidente que no me puedes apartarte de aquí.

Pero seguimos siendo dos desconocidos que no saben cómo expresar lo que sienten. Vacíos llenos de palabras y con ganas de besarse.

Entonces, por fin conozco cuál es el verdadero concepto de la atracción, de esta que sin duda sentimos los dos, la que nos mantiene de frente aunque estemos ausentes perdidos en la mirada del otro. Y a pesar de que permanezcamos al margen de nuestras emociones, muero por mezclarme con un beso entre tu lengua y dientes.

Es inexplicable lo que me haces pensar, aunque seamos unos totales desconocidos que no saben cómo diablos avanzar, cómo llegar siquiera a una base por más de que queramos seguir con lo que sentimos dentro.

Emociones que se llenan de euforia cuando nuestro caminos se cruzan sin memoria. Nos dejamos pasar, dejamos que el miedo o quizás el orgullo gane este juego, cuando en el fondo lo que buscamos es chocarnos frente a frente y tal vez lanzarnos sobre una cama o al sofá de alguna sala. Hacer sentir de una vez todo esto que se divierte más con nuestra insensatez, que con las ganas de quemarnos con el fuego que nos mantiene viviendo.

Pasemos entonces de ser desconocidos a dos almas que quieren seguir viviendo con toda esa mezcla que producen cuando por fin se juntan.