Soy pecadora a mucha honra.

Yo seré pecadora, pero a mí alrededor no veo ningún santo.

Parece que eso de juzgar es una práctica esencial. Nos lanzan piedras cómo si los demás estuviesen absueltos de cualquier imperfección o pecado, y es que nadie absolutamente nadie sobre esta tierra está libre de eso.

 

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Y es que no solamente se peca con el cuerpo, la mente no se salva de esta condición que muchas veces nos encanta. A pesar de que lo prohibido exista para ser eso “prohibido” es lo que más nos atrae, en los temas del romance y la pasión esto siempre estará presente.

 

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Entonces para que darse golpes de pecho si muy bien saben que lo hace su cama contra la pared. Ángeles y demonios tenemos todos y no lo podemos negar, pecamos con la mirada, con nuestra piel y divinamente caemos en los brazos de la tentación muchas veces sabiendo que no debemos.

 

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Es por ello que soy pecadora a mucha honra y esa cara de niña buena es un engaño con el cual nací, por lo que me libro de esa culpa. He pecado de muchas formas, siempre a mi favor sin lastimar a terceros claro; y no lo niego, lo seguiré haciendo pues estoy hecha de carne y hueso, ese que se estremece con lo prohibido y bastante tentador.

 

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A mucha honra, con madurez, orgullo y picardía admito haberme divertido con algunos pecados, incluso utilizar otros de los cuales del karma no me he salvado. Pero, finalmente de eso también he aprendido y creo que por ello existen esos verbos y almas que nos hacen pecar.