Su ácido son plumas sobre mí.

 

Por un momento, él creyó que su forma de tratarme era ácido sobre mí, pero pronto recapacitó, y entendió que su ácido eran solo plumas.

 

 

Pues es mi ácido una forma lenta de matar, es mi indiferencia la que marca todo el terreno como suyo. Una indiferencia que solo nace, cuando se busca. Algo que naturalmente es parte de mi personalidad, soy así, con el ácido hasta los dientes.

 

 

Tan neutral como quiero, tan dulce como quieren que sea, pero muy ácida cuando me lo propongo. Tan así, que no me hace falta hablar, pues son mis silencios las expresiones más fáciles para decirlo todo, y convertirme en una sustancia química de laboratorio.

Soy quizás como un ácido sulfúrico que no puede estar tan cerca del agua, pues las temperaturas subirían sin cesar. Y todo a mí alrededor estorbaría, algo que no hago por capricho, pues es parte de mi personalidad. No diré que sea producto de una vida llena de traiciones, y menos que me ha ido mal en el amor, es mi personalidad un poco ácida porque quiere, porque así vengo desde la raíz.

 

 

Incluso él insistió ser más ácido que yo. Pero vio tantas lunas conmigo, que ya desistió de creer ser más ácido. Y es que, cuando veo cosas extrañas en esta relación, salía a pasear con esmero y sin preocupación, todo ese ácido que brotaba de mis venas y que daban a conocer que realmente era yo, y es que no recurro a las escenas de novia celosa, soy mi mejor versión tan ácida como caramelo de maquina en tienda.