Te quiero morder los labios sin dejarte respirar.

Eres mi postrecito al final de cualquier plato principal.

 

Pero, ese plato principal también tiene tu nombre y esencia por todos lados. Te has convertido entonces en un festín que a toda hora quiero probar. Entre tus manos de una manera muy peculiar has atrapado cada parte de mi ser, mis ganas de comer e incluso ese orgullo que me hacía inalcanzable.

 

Desde que te probé hice a un lado  todo aquello que me creía, mi orgullo y mi temperamento fuerte se deslizaron por debajo de mi vestido mientras tú me acariciabas con tus manos, me convertí en una persona vulnerable sí. Tan vulnerable a ti que hoy coloco en jaque mi propia forma de ser, pues desde que estas aquí solo te quiero para mí.

 

Te quiero como mío y sin compartir, tan silencioso como siempre e impredecible como nunca. Te me apeteces y me provocas a tal punto de quererte devorar sin dejarte respirar. Es así como mi cordura incluso se ha perdido un poco, dejándome llevar entonces por las cadenas de tu pasión.

 

Me convertí en una esclava de ellas a la que no le importa si me soltara o no. Estoy aquí, a tus servicios y de una manera inexplicable ante tus pies, por más de que quiera permaneces derecha y rígida a tus encantos, termino cayendo en tus brazos sin importar en qué lugar este.

 

Es así, como un plato suculento nos puede hacer perder la cordura, nos lleva por el camino de la locura y hace con nosotros lo que se le viene en gana cada vez que quiera y sin preguntar, y si lo hiciera dejaríamos que sucediera cualquier cosas porque al final queremos probar más y más.